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INFORMACIÓN DEL VINO

Azpilicueta

La marca

Jean León es uno de los nombres históricos del vino español actual. La bodega fue fundada en 1963 por Ceferino Carrión, un cántabro aventurero que emigró a Estados Unidos colándose como polizón en un barco que partía del puerto francés de El Havre. Allí cambió su nombre, luchó por conseguir la nacionalidad estadounidense (literal: estuvo en la guerra de Corea para conseguir la ciudadanía) e hizo fortuna al frente del restaurante La Scala, en Los Ángeles. Puso en marcha el establecimiento en colaboración con el actor James Dean y contó entre sus clientes con lo más granado del Hollywood de los años cincuenta. En la bodega del Penedés introdujo toda una colección de variedades internacionales con el objetivo de elaborar vinos del perfil que a él le gustaban: un tinto de estilo bordelés y un blanco de perfil borgoñón. Sus dos vinos inaugurales fueron la puerta de entrada en España de variedades de uva como Cabernet Sauvignon (que ya estaba en zonas de Rioja y Ribera del Duero pero su fruto se mezclaba con otras) y Chardonnay, que veinte años más tarde tendrían un papel relevante en la modernización del viñedo español. El Chardonnay fue el primer blanco español fermentado en barrica, en 1973, y el tinto, que apareció en 1969, fue el primer varietal hispano de Cabernet Sauvignon, aunque desde sus inicios con una pequeña aportación de Cabernet Franc. Jean León murió en 1996 pero unos años antes decidió poner en venta su bodega. En 1994 fue adquirida por Miguel Torres, que quiso con la compra preservar el carácter de una bodega en la que tuvo las puertas abiertas en sus primeros pasos como elaborador de vinos en la empresa familiar. Se mantuvo la filosofía, se renovaron las instalaciones y, de la mano de Mireia Torres, hija del presidente de la gran bodega de Vilafranca, se renovaron las presentaciones de los vinos. El tinto inaugural, que mantiene inalterada la fórmula varietal y el esquema de elaboración y crianza, tomó el nombre de Vinya Le Havre, un recuerdo del puerto en el que Ceferino Carrión/Jean León inició su periplo vital, realmente digno de un guión cinematográfico.

La cata



vistaVista: Típico de una Cabernet madura. Intenso color rubí-cereza ribeteado por una corona de color rubí con tonos teja que evidencian su evolución en la crianza.


vista Nariz: Bien dibujado, de mediana intensidad, con muchos matices de fruta y de bien medida crianza; destacan los recuerdos de frutos negros en sazón (no hay tonos pesados de pan de higo, que indicarían sobremaduración, ni los habituales recuerdos de pimiento verde, que denunciarían una incompleta maduración de la uva), un toque de mentol y un desarrollado bouquet especiado, indicativo de la crianza en barrica; hay recuerdos de maderas finas (cedro, toquecito de piñones) y un fondo de tinta y trufa negra. No hay rastro de evolución negativa ni de fatiga.

vista Sabores: Rotundo, potente en sabores (contrasta con una nariz que no es muy intensa), con un ligero toque salado, buena acidez y un fino apunte amargo que se manifiesta en la salida y contribuye a dar longitud a la presencia del vino en la boca.

vista Sensaciones táctiles: Es un tinto estructurado, es decir, con cuerpo y con sensación de solidez, construido en torno a una firme armazón tánica bien arropada por el cuerpo (extracto); da sensación de solidez y vitalidad pero no hay puntas agresivas, lo que muestra, junto a los aromas, la perfecta maduración del fruto en dos variedades, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc, que no son precisamente dúctiles en su naturaleza. El vino transmite sensación de volumen y de relieve, no está aún redondo pero tampoco está muy lejos de ese estado superior de engarce y desarrollo.

vista Aromas de boca y posgusto: Expresivo y muy sugestivo; hay recuerdos bien definidos de frutos negros bien maduros de los que parecen surgir otros, como los minerales, balsámicos y el toque de tinta y trufa e incluso el bouquet especiado. El conjunto expone bien el carácter varietal. No es especialmente largo en los rasgos aromático (tampoco corto) pero lo suple con la presencia sápida proporcionada por el toque amargo y por una ligera untuosidad.

vista Sensación global: Es uno de los mejores cabernet españoles. Esquiva con maestría los tonos vegetales que tanto afean a la mayor parte de los vinos de Cabernet Sauvignon, y también a los de Cabernet Franc, y es un tinto bien caracterizado, singular en sus rasgos y con prestancia. No es, sin duda, un tinto de trago largo y fácil, es un tinto para comer, para una ingesta pausada y se diría que hasta reflexiva.

La evolución

Maduro pero con vida por delante. La moderada crianza en barrica ha respetado el carácter de la variedad y el vino se va desarrollando de forma lenta en la botella. Está un muy buen momento de consumo, sobre todo para quienes prefieren vinos frescos, con vigor, pero tiene aún unos años por delante hasta llegar a su cima. Hacia finales de esta década habrá limado del todo los taninos y se habrán desarrollado más aromas que toman fuerza con la evolución en la botella, como son los recuerdos de trufa y minerales. Después se mantendrá bien durante un tiempo difícil de calcular (tal vez diez años) antes de iniciar su declive.

El servicio

Debe ser servido en torno a 15-16ºC de manera que en el consumo no supere los 18ºC. A temperaturas más altas se harán notar el alcohol y probablemente los recuerdos de la barrica de crianza y se perderán sutiles matices frutales, especiados y de tinta. No le va mal la suave oxigenación que proporciona el traslado a una botella decantadora (mejor la botella, con poca superficie expuesta al aire, que los envases en forma de pato o los decantadores tipo oporto, de ancha base). Esa oxigenación será más necesaria con el paso de los años.

La gastronomía

Jean Léon Vinya Le Havre ’07 es un vino con entidad, vigoroso y rico en matices, que no se casa con cualquier plato. Precisa elaboraciones contundentes y no se achica ante guisos grasos, texturas gelatinosas y especiados potentes. Por el contrario, tiene tanino y acidez perfectos para limpiar la boca de esas formulas complejas y prepararla para un nuevo bocado. Platos como los callos, las manos de cerdo y de cordero, los jarretes o las carrilleras son muy buena pareja de baile para este cabernet maduro pero de muy buen ver. También es recomendable para los potentes sabores y aromas de la caza, tanto la de guiso complejo, caso del estofado de jabalí, como la menos especiada pero muy potente en sí misma, como el pichón, el difícil civet de liebre (y otra especialidad elaborada igual, con su sangre y vino, como es la lamprea) o el lomo de corzo. Las legumbres tienen también aquí buena alternativa; taninos, acidez y cuerpo compensan bien el toque dulce y la textura de las legumbres, incluso si cuentan con el refuerzo de las chacinas, siempre comprometido, sobre todo si, como ocurre con la fabada asturiana, aportan además un marcado componente ahumado. Esas chacinas aromática y potentes, como las diferentes morcillas o el chorizo de jabalí, también combinan de forma adecuada.